Las reglas del progreso: el Nobel de Economía 2024 y el poder de las instituciones

Cómo tres economistas cambiaron nuestra forma de entender por qué unas naciones prosperan y otras no


1. El descubrimiento de un poder invisible

Hay fuerzas que moldean el destino de los países sin que podamos verlas. No son los recursos naturales ni el clima; tampoco los milagros tecnológicos. Son las reglas del juego: las leyes, los incentivos, los derechos y las instituciones que organizan la vida económica y política.

El Premio Nobel de Economía 2024, otorgado a Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson, reconoce precisamente eso: su trabajo pionero para explicar cómo las instituciones determinan la prosperidad o la pobreza de las naciones.
Sus investigaciones dieron una respuesta convincente —y provocadora— a una de las preguntas más antiguas de la economía:

“¿Por qué unos países son ricos y otros pobres?”


2. De la geografía a la política: un cambio de paradigma

Durante gran parte del siglo XX, las explicaciones dominantes apuntaban hacia factores “externos”:
el clima, los recursos naturales, o la ubicación geográfica.
Otros, como Max Weber o David Landes, ponían el acento en la cultura, la religión o la ética del trabajo.

Pero había algo que esas teorías no lograban explicar del todo.
¿Cómo podían Corea del Norte y Corea del Sur, dos países con el mismo idioma, cultura y geografía, tener destinos tan distintos?
¿Por qué América del Norte avanzó hacia democracias prósperas mientras buena parte de América Latina quedó atrapada en ciclos de inestabilidad?

Fue entonces cuando Acemoglu, Johnson y Robinson propusieron mirar más allá de la superficie:
no al territorio ni a las costumbres, sino a las instituciones que regulan quién tiene poder, cómo se ejerce y con qué límites.


3. Inclusivas o extractivas: las dos caras de las instituciones

En sus obras —especialmente Why Nations Fail (2012) y The Narrow Corridor (2019)— los autores presentan una idea central:

Las naciones prosperan cuando sus instituciones son inclusivas y fracasan cuando son extractivas.

Las instituciones inclusivas distribuyen el poder de manera amplia, garantizan derechos de propiedad, fomentan la innovación y permiten la participación política.
Las instituciones extractivas, en cambio, concentran el poder en élites que utilizan el Estado para su propio beneficio, bloqueando el progreso de la mayoría.

No se trata solo de leyes escritas, sino de prácticas vivas: ¿puede un ciudadano defender su propiedad? ¿puede un emprendedor innovar sin temor a ser expropiado? ¿puede un trabajador ascender por mérito y no por conexiones?
Las respuestas a esas preguntas, sostienen los laureados, predicen la riqueza de las naciones mejor que cualquier mapa geográfico o estadística demográfica.


4. De la historia al dato: cómo lo demostraron

La fuerza de su propuesta no radicó solo en la elegancia teórica, sino en la evidencia empírica.
Usando datos históricos, los investigadores compararon colonias europeas del siglo XVI al XIX y descubrieron un patrón sorprendente:
donde la mortalidad de los colonos europeos fue alta, los imperios establecieron sistemas autoritarios destinados a extraer recursos;
donde fue baja, fundaron instituciones representativas y de autogobierno.

Siglos después, esa diferencia inicial seguía reflejándose en el ingreso per cápita y el desarrollo político.
Así, lugares como Canadá, Estados Unidos o Australia evolucionaron hacia democracias prósperas, mientras que en muchas regiones de África y América Latina persistieron estructuras más extractivas.

Fue un hallazgo potente porque unió historia, economía y política en una sola narrativa cuantificable.
El mensaje era claro: la historia institucional deja cicatrices profundas.


5. Las grietas del modelo: voces que disienten

Ninguna teoría que ambicione explicar el mundo escapa al debate, y este caso no es la excepción.
Algunos economistas, como Jeffrey Sachs, advierten que el enfoque institucional puede subestimar el papel de la geografía y la salud pública.
“Antes de construir parlamentos, hay que sobrevivir al paludismo”, ironiza Sachs, recordando que la mortalidad por enfermedades tropicales aún define el destino de millones.

Otros, como David Landes o Samuel Huntington, sostienen que la cultura —valores, religión, ética del trabajo— sigue siendo un motor esencial del desarrollo, algo difícil de reducir a leyes o constituciones.
Y luego está la observación incómoda:
¿cómo explicar el éxito de economías como China o Singapur, que prosperan bajo estructuras políticas poco inclusivas?
Para algunos, estos casos muestran que la relación entre instituciones y prosperidad no es lineal, y que la estabilidad autoritaria puede generar crecimiento económico temporal, aunque con riesgos a largo plazo.

Los propios laureados reconocen esas tensiones. Robinson ha dicho en entrevistas que “China crece rápido, pero aún no sabemos si sus instituciones permitirán que siga haciéndolo dentro de 50 años”.
En ese reconocimiento de límites está parte de su fuerza intelectual: no ofrecer dogmas, sino marcos para pensar.


6. Lecciones para América Latina y Ecuador

Si el mensaje de Acemoglu, Johnson y Robinson es que las instituciones importan, América Latina ofrece el laboratorio perfecto para comprobarlo — el mismo tipo de análisis que vimos con la Gran Depresión y la crisis de 2008: la historia deja huellas económicas duraderas.
La región posee recursos naturales abundantes, talento humano y acceso a mercados globales, pero arrastra instituciones frágiles, desconfianza ciudadana y estructuras extractivas que se reproducen.

Ecuador no es la excepción.
Las dificultades para consolidar un Estado meritocrático, la alta informalidad y la volatilidad política son síntomas de un sistema institucional que aún no logra ser plenamente inclusivo.
Construirlo requiere algo más que reformas legales: exige liderazgo ético, estabilidad jurídica y educación cívica.

Ahí radica el valor pedagógico de este Nobel:
nos recuerda que la prosperidad no se decreta, se construye con reglas justas y con ciudadanos que crean en ellas.


7. Más allá de la economía: una lección moral

El trabajo de los tres laureados va más allá de la economía.
Nos invita a ver el progreso como un proyecto colectivo donde la política, la ética y la historia se entrelazan.
Nos recuerda que los países no fracasan por falta de talento, sino por estructuras que desincentivan el esfuerzo y premian la cercanía al poder.

Y sobre todo, nos devuelve la esperanza:
si las instituciones son creaciones humanas, también pueden ser reformadas por humanos.
Ningún país está condenado; solo necesita ciudadanos informados, persistentes y dispuestos a defender reglas que beneficien a todos.

En última instancia, ese es el mensaje que la FOEC busca inspirar:
que la educación y el pensamiento crítico son la base de las instituciones inclusivas.
Porque cuando entendemos las reglas del juego, también descubrimos que podemos cambiarlas.


Lecturas recomendadas

  • Daron Acemoglu & James A. RobinsonWhy Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty (2012).
  • Daron Acemoglu & James A. RobinsonThe Narrow Corridor: States, Societies, and the Fate of Liberty (2019).
  • Simon Johnson & Daron AcemogluPower and Progress: Our Thousand-Year Struggle Over Technology and Prosperity (2023).
  • Jeffrey SachsThe End of Poverty (2005) (visión geográfica y de salud pública).
  • David LandesThe Wealth and Poverty of Nations (1998).
  • Sitio oficial del Nobel de Economía 2024: nobelprize.org/prizes/economic-sciences/2024

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